Estoy pasando por una época oscura.
Prefiero no escribir sobre eso.
Friday
Nunca/Nadie/Nada
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Cha Giadach
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Sunday
Impulso

Hicimos el amor debajo de un piano.
Todo comenzó en la entrada de la estación de metro, Trocadero. El lugar menos rebuscado de la ciudad ya que debe tener la vista mas privilegiada de aquella torre fotografiada en exceso por miles de turistas. Un lugar transformado en un centro romántico a la fuerza, pero en esta situación no había nada de romance. Un lugar lleno de bailarines y músicos que ven la oportunidad de dinero por haber tantos turistas, lo mismo pasa con los puestos de comida, los cuales deben vender la pero comida de la ciudad, y también la mas cara. Mas encima es un barrio de ricos, avenidas llenas de tiendas de renombre de la moda mundial, avenidas que convergen en una rotonda rodeada de cafés que te cobran la vida por tomarte una miserable taza de agua caliente con semillas negras provenientes de algún país que colonizaron en África.
En este ambiente que huele a guía turística estaba ella. Desamparada, mirando nada. Se notaba que no era de la ciudad, murmullaba un idioma raro en su celular, entre llorando y riéndose orgullosa de alguna decisión que estoy seguro había tomado algunos momentos antes. Estaba vestida de forma elegante, y sostenía una invitación en su mano izquierda.
Yo solo estaba parado ahí, mirándola, sin ninguna ambición ni intención. Solo la miraba como me gusta mirar a todo el mundo, tratando de adivinar que mierda les pasa a los seres humanos de hoy en día. Entre mi inspección un tanto psicópata y su observación hacia el vació, se encontraron nuestros ojos.
Camino hacia mi, mientras yo parado ahí con cara de sorpresa disimulada esperaba alguna sorpresa, o mas bien una cachetada por estar mirándola tanto. Me agarro del brazo y me metió al Palais de Challiot, que esta ahí mismo a unos cuantos metros de donde nos encontrábamos los dos. Era algún tipo de evento cultural, la bienvenida a algún escritor exitoso, la inauguración de alguna exhibición de arte, en verdad nunca supe lo que fue. Solo se que había un piano de cola en plena entrada. Y a la vista de todos, y a nadie le sorprendió, eran personas del ambiente artístico de clase alta que aprobaban tales actos o simplemente dejaban a todo el mundo hacer lo que les de la puta gana.
Hicimos el amor debajo de un piano.
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Cha Giadach
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Friday
Mi pelicula

Las difuntas orquídeas gritan, porque los parlantes mudos ya no difunden ese mensaje. Ese mensaje que esperábamos de forma tan paciente. Abrazándonos a nuestros amantes, besándonos como quien dice, apasionadamente. Los vulnerables insistentes siguen pintando con brochas viejas pero resistentes.
Y yo que esperaba morder la libertad, y pretendía llamarle libertinaje.
Y yo que con mis lagrimas suponía armar ejércitos de miserables.
Y yo que me veía siendo un megáfono con patas.
Y yo que soñé con tomarle la mano, firme, apretados, tanto en la calle como perdidos dentro de una cama en pleno invierno, pasando el frió con el calor de nuestros cuerpos.
Millones de zapatos, nuevos y viejos, recién nacidos y resignados con la edad, marchando hacia un mismo destino. Un destino llamado nada. Vació. En blanco y en negro. Tan gris como las paredes que rodean los mismos pensamientos que nos quisieron imponer libertad.
El vaso medio lleno, dicen los optimistas. Quisiera considerarme uno de ellos. Uno de los que no le ven lo malo a nada. Que siguen predicando lo positivo de todo. Pero no puedo. La imposibilidad de enfrentarme a eso es la siguiente: todo es individual, nada es colectivo.
Como quisiera que me agarraran a patadas, porque lo merezco.
Me cagaría de la risa, lloraría de tanta diversión.
Porque somos una banda de ineptos, no de inadaptados.
Y yo que solo quería quererla, y ahora todo lo que me queda es mi cenicero, contemplándome, como si fuera mi mejor amigo.
Estoy feliz, porque quiero.
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Cha Giadach
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Wednesday
Panam

Debo ser de esos malditos seres humanos que le da y da con tirarle flores a Paris, de forma repetitiva y constante. Los mismos parisinos me odiaran de tanto halago, pero al mismo tiempo me adorarían. Infinitos cargamentos de flores no son suficientes para un pedazo de tierra, con un rió al medio, que impacta tanto como un balazo de cosas buenas. Y también malas. Te quiebra los huesos, te quema el cabello, amasa tu corazón de una forma narcótica y drogadicta. Una inyección de heroína multicultural, en distintos acentos afrancesados e intentos de llegar a algún ligar sin perderse. Porque perdiéndose se encuentran los mejores lugares en esa mal oliente y bulliciosa Panam, que te muerde los labios, el cuello y las orejas.
“¿Se esta quemando Paris?” pregunto literalmente el mismísimo Adolf Hitler, a uno de sus generales. En una ciudad tomada por los Nazis, el representante de Hitler, Dietrich Von Choltitz lo desobedeció. Las ordenes eran claras, destruir los puentes, algunos de los edificios y monumentos mas importantes de Paris. Pero Von Choltitz no lo hizo, no quiso. Hasta un jodido asesino se paso por sus asquerosas axilas las ordenes de alguien que sin problemas lo podría mandar a fusilar. Gracias a un nazi vemos lo que vemos hoy, gracias a un nazi existen todavía esas calles donde aun se pelean las parejas a gritos y que aun mantienen vivas sus boulangeries, panaderías de donde aun salen niños con mala cara porque los mandaron a comprar el pan, un pan al cual siempre le falta un pedazo, es inevitable.
Todos saben muy bien que los ángeles nunca se posaron en el Sacré-Cœur, porque al bajar de esa colina esta el Boulevard de Rochechouart donde en sus callejones están esas queridísimas prostitutas y mujeres de la noche. Las que entretienen, las que te encantan, no todas empresarias del sexo, otras solamente bailan en los cabaret porque mas allá esta la Pigalle. Mas de un siglo, mucho mas de un siglo, extremadamente mucho mas de un siglo, acogiendo desde a los trabajadores acomplejados y deprimidos hasta a los artistas que llegaban a esos lugares simplemente porque son artistas, para ellos no se necesita explicación.
Trato, aun, de explicarme porque llore esa calida madrugada, caminando en el banco del río, a la altura de la Notre Dame de Paris y el Quartir Latín. No lloraba de pena, no había nada de tristeza en mi llanto. Creo que nunca he estado mas feliz que en ese momento. Se me formaba una sonrisa, de esas que nunca he sentido antes sobre mi cara. Lo mejor de todo es que los que caminaban por ahí no interrumpían mi llanto, solo me miraban riéndose con respeto. Sabían a pie de letra lo que me pasaba. A esas horas aun había gente leyendo algún librito, apoyados contra la pared debajo de los puentes, habían parejas que miraban felicitando mis lagrimas, turistas que a pesar de ser unos adictos a los souvenir y a tomar fotografías como excéntricos solamente me miraban, hasta ellos me entendieron. Fue el máximo nivel de iluminación que se puede tener en la vida, llorar de alegría, riéndote casi a carcajadas, con las manos en los bolsillos sintiendo una arrugada caja de cigarros. Incluso se podría decir que las gárgolas respetaron cada milímetro de liquido que salía de mis ojos rojos y desvelados. Nunca voy a saber porque llore con tanto gozo, alegría y felicidad. Los testigos fueron los mismo adoquines, ni ellos supieron explicarlo. Pero prefiero dejarlo sin explicaciones, porque las sonrisas, ese sentimiento en el estomago de un hermoso vació, lo explican todo. Todo.
Como quisiera abrazarla en estos momentos. No hablo de Paris, hablo de una mujer. Pero Paris despierta estos sentimientos en mi, así que vale la pena mencionar a esta mujer. ¿Y porque estoy llorando, pero también riéndome, mientras escribo esto? Llorando y riéndome de un forma tan sincera que se podría decir que nunca he efectuado ambos actos de tal manera antes. ¿Será que me considero ridículo a mi mismo, o porque en verdad siento cosas incalculables al momento de pensar en ella?
Gracias Paris. Porque en momentos como este, o en verdad cualquier otro sigues en tu lugar. Siempre formando los parámetros de la vanguardia, de la belleza cada vez mas escasa en este mundo, pero aun así fiel a tus principios, de ser el centro del mundo. Centro del mundo, concepto que adoptaste propio de forma inconciente. Ciudad destinada a ser así, nada mas. Te veo, Paris, tan mía como de todos los demás, como una jauría de perros, ¡Si! ¡De perros! Perros salvajes y también algunos domesticados, que salen a correr por el bosque durante la noche, sin mas misión que correr y correr. Perros que cuando se acerca el peligro les crecen alas, y vuelan por los cielos para alejarse de todo mal y ladrarles a carcajadas a todos los peligros que se quedaron donde merecen. En el piso, en el suelo, mirando a los perros atónitos.
Trillada ciudad luz, llena de ladrones y justicieros, algún día te podrirás, pero tienes el don de regenerarte. Tal como lo hago yo, cuando te metes en mi cabeza y no te puedo sacar mas. Ni a patadas te puedo sacar. Tal como cuando se meten en mi cabeza esa imagen de los perros, los niños comprando pan, la basílica en la colina que nunca tendrá ángeles, la caminata de madrugada en la orilla del rió. Y tal como se me mete a la cabeza esa mujer, mencionada anteriormente, ahora mismo no te puedo sacar. Tampoco quiero hacerlo.
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Cha Giadach
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5:55 AM
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Monday
Friday
Lecciones
-Aprender a contemplar.
-Aprender a analizar.
-Aprender a dibujar y pintar sin razones.
-Aprender a gritar mas de lo que grito.
-Aprender a alejarme.
-Aprender a que cuando no me quieren, no me quieren.
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Cha Giadach
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8:59 PM
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Llámenle como quieran

Que no te vengan con ese “pero si tu lo tienes todo, ¿para que sales a gritar?”, tu eres dueño de tu propias decisiones. Salgas a gritar, patalear, marchar o no, sigues siendo dueño supremo de tus propias decisiones otorgadas por casi lo único que nos queda de verdad, en nuestros cuerpos y mentes de humanos degenerados y destruidos, y esto es la conciencia. Llámenle conciencia social, conciencia económica, conciencia espiritual, conciencia política, llámenle como quieran. Pero no nos pueden quitar la conciencia, porque sin esta no habría lucha. No habría lucha alguna.
Hay gente muriendo en Irán, por que supuestamente las elecciones fueron lo que parece que son, un fraude. Todavía hay esclavos en ese continente del que todos se olvidan, ese llamado África, y si aunque no lo crean también hay esclavos en países tan cerca que deberías llorar, en Brasil, en su extensos campos se raptan y manipulan personas para ser esclavos de terratenientes. Los palestinos y los israelíes se siguen matando entre ellos. Se están masacrando indígenas en la selva del Perú. No quiero seguir nombrando los malestares del mundo, esto no es una lista.
Y tu sigues ahí, incluyéndome a mi, viendo los mismos medios de siempre, aceptando las mismas noticias de todos los días relatadas por esas caras bonitas que te dejan tranquilo contigo mismo.
No todo el mundo esta en tu billetera, ni en lo que hagas en el día a día. Deberíamos trascender como unos seres vivientes que lo supieron hacer. ¿Qué supimos hacer? ¡Vivir, mierda vivir!
Esto no es ser de izquierda, ni marxista, ni anarquista, ni nada de esas etiquetas que nos han impuesto tanto nuestros padres como nuestra historia. Esto se llama estar concientes de que no estas solo en el mundo, de que estamos destinados a ser un grupo, un grupo humano, que deberíamos vivir no se si en armonía, pero en entendimiento. Y si eso no se entiende entonces sigo siendo un soñador, y voy a ser el primer imbecil en mudarme a Marte cuando ese planeta sea conquistado por nosotros, la raza humana, aun dormida y aterrorizada de si misma.
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Cha Giadach
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