Sunday

Quien diría #4





Tanto es el deseo que cuando me quedo dormido aun pienso en eso. En los tocares, en las manos, en el cabello. Y sueño con esto, eso y aquello. ¿En que? No vale la pena decirlo, no estoy aquí para explicar, estoy aquí para expresar. Lamentablemente las explicaciones con las expresiones, no se llevan bien. Pues yo haré que se besen y hagan las pases, porque ese es mi trabajo. Ya que en verdad no tengo otro, mis posibilidades de sobrevivir fueron limitadas a miradas de lejos y murmullos sin sentido.

Me gustaría gritar: ¡Muérdeme! Y que de la nada, como una luz en medio de la oscuridad, como un ruido en el silencio absoluto, pues me mordiera. Que me mordiera sin temor, ni restricciones. Que sus dientes hagan música.

Ojala tuviera aliados. Simples aliados, de esos que te miran a la cara con autoridad pero con respeto. Como quisiera que mis lápices tuvieran el valor de marcharse por debajo de la puerta para no torturarlos tanto con mis enredos, problemas y cálculos ridículos, pero cuidadosos.

Y el recurso mas usado por todos: la luna. ¡Si! ¡La luna! No puedo decir nada sobre ese satélite natural sin quedarme mirándolo como si alguna vez hubiera pertenecido a mi. Como si hubiera pertenecido a todos.

Llevo alrededor de 45 bolsas de té consumidas desde que supe que las estrellas ya no están tan alineadas para mi convenir. Con un sin fin de energías, que al final termino usando en otras cosas.

Y no quiero aprender nada. Porque a estas alturas ya no se aprende. Es limitado el sentir, la palabra, y también el corazón.

Me subo al auto, muy seguido, para manejar sin rumbo escuchando canciones que me hacen recordar todo. Y a pesar de todo, sonrió. A pesar de todo.

Tuesday

Quien diría #3





Y pensé en Nancy y Sid. En heroína, en alcohol, en distorsión, también en sus peleas, en sus encontrones con la realidad, en sus tironeos de chaqueta de cuero, en sus golpes, en sus gritos, en sus vómitos, en sus jeringas utilizadas mas de una vez, en sus cachetadas, y en todo lo demás.
Pero lo mas importante era que se querían, que se defendían, que se amaban a puñetazos, a mordiscos, a ansiedades, todo ilimitado, recursos infinitos.
Pensé en la Joan y el Bob, que siempre se quisieron, siempre, todos lo saben muy bien, se les veía en las caras. Cuando cantaban juntos, como ella lo miraba a el como si fuera un ángel dentro del cuerpo de una gárgola delgada y horrible. Ella lo veía, ella siempre supo que el seria lo que el es hoy, y el la miraba nada mas. Como si no le importara nada, pero sus ojos, su voz entrecortada, y los errores al tocar la guitarra y la harmónica lo delataban. En conclusión el estaba tan enamorado de ella, como ella de el.
Se me vino a la cabeza June y Johnny. Un hombre perdido, tratando de encontrarse asimismo en pastillas, religión, fe, guitarras destruidas, cuevas profundas y depresiones. Y llego June, la madre de todas las madres, del medio de una Norteamérica profunda, reservada y conservadora. Tomo a un renegado y lo hizo suyo, lo cuido, le hizo cariño, lo mimo, le dio besos, le dio de comer, y de cierta manera ella también se convirtió en una renegada. Y ahora los dos están en los cielos de ese Dios tan querido por los dos, por encima de las nubes, montando un caballo negro escupiendo fuego, ira y amor. ¡Ira y amor!
Y a mi todo lo que me queda son los “quien diría”, mi ultimo recurso, mis últimos besos tan deseados, mi cabeza que da vueltas tirando rayos color piel, mi corazón convertido en una serpiente. Esa misma serpiente que ofrece el fruto prohibido, el mismo que de alguna manera unió a esos personajes bíblicos. Hasta que los echaron del Paraíso, y se convirtieron en seres humanos comunes y corrientes.
Igual que yo, igual que ella.

Wednesday

Quien diría #2





En este mismo instante pensar es mi actividad primordial. La que esta en primer lugar ante todo lo demás. Porque pensar es lo único que me queda por hacer, y bueno lo único que puedo hacer.
Ya se fue el frió, y solo queda el calor. El sol, molestoso pero lleno de vida, trata de dar respuestas a mis pensamientos vagos, múltiples, con miles de caras. Yo trato de escucharlo, atento, pero retraído. El pasar de los vehículos también intenta darme respuestas, no claras, algo inventadas, porque son rápidos, rápidos de velocidad, rápidos por rapidez, rápidos porque tienen que llegar a algún lugar, donde yo podría ser bienvenido, pero ni siquiera el destino juega a mi favor. Trate de amasarlo, a este destino, pero me dio un golpe de vuelta, es indomable, perspicaz y esta lleno de furia.
Esa misma furia que aparece cuando en el Metro me abrazo un anciano porque me vio con la peor cara del mundo, mientras que los demás pasajeros solo miraban. La misma furia, convertida en instinto, de los animales que con mi caminar de caminares se quedaron en silencio. Respetando mi solemnidad, respetando que después de todo yo soy uno de ellos, igual que todos ustedes.
“Quien diría” se llama esto, a segunda parte de algo que no se que es, tantas palabras, letras, puntos, comas, mala ortografía, ideas sin ideal y conclusiones ambiguas que ojala tuvieran respuestas. Como las que me quieren dar el sol y el pasar de los vehículos, pero simplemente no las hay. Porque el miedo supero todo andar, el temor también subió sus niveles, y la injusticia sigue ahí.
Repasándolo todo, como si tuviera que hacerlo, calificando cada detalle, poniéndoles nombres inexistentes o que nunca existieron. Repaso las hojas que escribí, los intentos de llegar mas arriba de lo previsto, todos esos escritos que tuvieron tanto significado como lo tuvieron alguna vez mis palabras que hoy por hoy pierden la importancia ante cualquier cosa. El don de la palabra no es mi fuerte y mírenme aquí, quien lo diría, tratando de abusar de el.
“La luz de una estrella que explotó hace 13.000 millones de años ha alcanzado la Tierra y se convierte así en el objeto astronómico más lejano nunca observado antes”, dicen los diarios de hoy. Y nunca, recalcando en la naturaleza de la palabra nunca, me había sentido tan interpretado por algo que para muchos es insignificante. Esa misma estrella, tan lejos de todo, quiso, intento, que su luz llegara a este planeta después de incontables siglos, y lo logro.
Ojala pudiera tener es mismo impacto, esa misma agudeza, ese mismo fin. Para poder palpar esas manos otra vez, sin miedo a lo que pase, sin el temor y sus malditos niveles, sin tener que pensar que puede ser mejor, porque con lo que tengo soy feliz, si soy feliz, feliz hasta las lagrimas, y me acabo de dar cuenta. Todo por sentir sus palabras tan eficaces, y por supuesto para sentir sus besos.

Monday

Quien diría



Quien diría que yo estaría escribiendo esto. Desde el escondite mas profundo y arrinconado de mi corazón de citadino, de Metro, de smog, de ruido y de gentío. Quien diría que entre todo eso, todos esos detalles que pueden volver a cualquiera en un enemigo de todo, quien lo diría, que yo seria capaz de encontrar esa sonrisa necesaria otorgada por un ser, un solo ser.
Quien diría que yo seria capaz de añorar besos, de querer palpar ese cabello, de querer una y otra vez escucharla, solamente escucharla, aunque sean sus suspiros. Con ellos me es suficiente para andar sonriendo una semana entera.
Quien diría que me encontraría parado, buscándola., tratando de llamar su atención con cada uno de mis movimientos y gestos. Algunos estudiados previamente, otros deliberadamente patéticos, dignos de una persona que solamente sabe lo que tiene que hacer en el momento. Improvisando lo mejor de mi.
Quien diría que me volvería adicto a sus abrazos, a su sueño, a su caminar, a su forma de ver la vida, que es tan particular como la de cada uno que se da cuenta de todo esto al conocerla.
Quien diría que ahora mismo me muerdo los labios, me doy vueltas a 18 pisos del nivel del suelo, mirando las luces de una ciudad que cada día aprecio mas, porque esta misma ciudad, con sus rincones, fue la que orgullosamente me regalo a ese ser. Es la misma ciudad de la que me quejaba tanto, a la que repudie en su momento, y que en respuesta me dio a ella. Como diciéndome “cállese, señor aquí lo único que tenemos son personas buenas, mire aquí un ejemplo perfecto, tiene los ojos verdes así que cuídelos.”
Y me sigo dando vueltas, porque algo de maniático me queda, buscando una estrategia,
Una pura, simple y linda estrategia.

Sunday

Soy





(este en verdad va bien con la canción)

No se lo que soy, un sin fin de razones armarían perfectamente para mi, en mi estupida y insistente cabeza mil y una maneras de descifrar quien soy.
Soy amante, quiero besar, quiero experimentar.
Soy Ulrike Meinhof y Andreas Baader escapando de todo.
Soy ese ruido molesto que te ensordece, la piedra en tu zapato, el que se cola en las filas.
Soy todas las guitarras que Pete Townshend a destruido.
Soy la basura en los ojos de todos, cuando se despiertan de un sueño profundo.
Soy el que trata de estremecer a todo el mundo, pero en verdad no causa nada.
Soy la inspiración de Mikhail Kalishnikov, para inventar esa arma que ahora incluso es parte de banderas y escudos nacionales.
Soy ese oficial sin nombre, interpretado por Harvey Keitel, puteando a Jesús. Mas bien, no soy el, soy en si, el mismo instante.
Soy las veces que todo el mundo a tratado de hacer algo de calidad y digno. Pero que nunca obtiene resultados, soy ese suceso fracasado entre el odio y el amor al arte.
Soy la vez que pensaste que un mundo mejor era posible.
Soy la batalla de Algiers.
Soy la fracción de segundos en que se demora en llegar una bala a su objetivo.
Soy el fiel representante de todo esos ilusos que quisieron querer, soy su fiel representante gritando alaridos silenciosos.
Soy el león atacando una gacela, por detrás, clavando sus garras para al fin comer. Al igual que soy ese cocodrilo que silencioso en el agua se acerca a ese estupido búfalo que tranquilo toma agua. Salto y lo agarro por la cabeza con mis poderosas mandíbulas, es mió. Porque es de todos.
Soy el que siempre dudara de los que están en el poder, los convertiré en mierda hasta cansarme.
Soy, y estoy, en las lagrimas de todos los que se atreven a asaltar bancos.
Soy el resultado de las porquerías que se escribieron en Paris a comienzos de siglo hasta los años cincuenta en San Francisco. Kerouac estaría orgulloso de matarme.
Soy un vampiro sediento de vida, no de sangre, porque sangre hay de sobra en el planeta. Sangre derramada, eso ya es otra historia.
Soy ese imbecil que te mira de lejos, que no se atreve a hablarte, el que piensas que esta loco, el que es diferente, solo porque tu no eres capaz de diferenciarte de los demás.
Soy Ángela Davis y Huey Newton dándose cuenta que eran de un color diferente a esos que manejan el gobierno. Soy esa milésima de segundo en que se dieron cuenta que algo es posible, ya sea con pistolas o sin pistolas.
Soy un joven de raza negra robando revistas pornográficas en una tienda de cigarros en Brooklyn.
Soy el que te quiere, el que no te dejara tranquila.
Eso soy yo, en resumen.