Esto es para mañana, o para su efecto hoy, jueves 4 de agosto del 2011. Sólo puedo pensar en mi abuelo materno, despertándose a las 5 de la mañana para ir a trabajar al matadero Franklin para comprarle la primera calculadora a mi madre. Y llegar como a las 11 de la noche, exhausto, cubierto en restos de animales desconocidos, sin darle el beso de las buenas noches a sus hijos. Pienso en mi padre que caminaba cuadras y cuadras para tomar la única micro que pasaba en esa época cerca de su casa, siempre con los mismos zapatos, porque no había plata para otro par. También se me viene a la mente mi abuelo paterno, el que viene del campo, el que llegaba embarrado a la casa después de volver del colegio en medio de alguna tormenta del cruel invierno que a veces otorga la Región del Maule.
Estoy pensando en eso, y en muchas otras cosas más. Y veo lo que son capaces de hacer algunos seres despreciables, publicando datos personales, buscando excusas para ponerle encima a otras excusas. Eso de que los jóvenes se deben calmar, de que ya no son tiempos para andar tomándose establecimientos, mucho menos caminar por la calles que son todos, y mucho menos hacer barricadas que a algunos les trae de vuelta cosas que pasaban hace décadas. Pero al mismo tiempo me acuerdo de los protagonistas, esas sonrisas, esa creatividad, esas ganas. Cosas que a veces se opacan por la violencia de sólo un puñado de gente que aun no comprende que la destrucción solo lleva a más destrucción.
Por eso y por mucho más voy a marchar. Por sentir esa sensación de tener un país una vez más. Voy a marchar por mis abuelos, por mis padres, por mis hermanos, por las supuestas generaciones que ayudare a engendrar en un mundo injusto. Por mis amigos, por todo el planeta que nos está observando. Por sentir la calle, por gritar, por saltar, por bailar. Siempre pensando que alguien por ahí tendrá un pupitre digno donde estudiar, donde todos puedan hacerlo, donde las puertas siempre estén abiertas al aprendizaje.
Voy a dejarlo todo en la calle. En contra de un gobierno ciego. Que sólo sabe tirar la piedra, y después se hace el idiota. El que le prohíbe a algunos el derecho a casarse, el que quiere destruir el sur, el que manda a ciudadanos chilenos a golpear a otros ciudadanos chilenos. Mientras le sonríe a las cámaras, y saca a mineros atrapados de una mina como si fuera el estreno de alguna película de Hollywood, por la falta de comunicación con 17 millones de personas.
Si te diste el trabajo de leer esto, este es el ultimo párrafo. Espero verte por ahí, entre la multitud. Espero que nos demos la mano, espero que me sonrías, espero caminar junto a ti, junto a todos. Espero que me reconozcas entre miles y miles de personas unidas por un mismo sentimiento.