
Debo ser de esos malditos seres humanos que le da y da con tirarle flores a Paris, de forma repetitiva y constante. Los mismos parisinos me odiaran de tanto halago, pero al mismo tiempo me adorarían. Infinitos cargamentos de flores no son suficientes para un pedazo de tierra, con un rió al medio, que impacta tanto como un balazo de cosas buenas. Y también malas. Te quiebra los huesos, te quema el cabello, amasa tu corazón de una forma narcótica y drogadicta. Una inyección de heroína multicultural, en distintos acentos afrancesados e intentos de llegar a algún ligar sin perderse. Porque perdiéndose se encuentran los mejores lugares en esa mal oliente y bulliciosa Panam, que te muerde los labios, el cuello y las orejas.
“¿Se esta quemando Paris?” pregunto literalmente el mismísimo Adolf Hitler, a uno de sus generales. En una ciudad tomada por los Nazis, el representante de Hitler, Dietrich Von Choltitz lo desobedeció. Las ordenes eran claras, destruir los puentes, algunos de los edificios y monumentos mas importantes de Paris. Pero Von Choltitz no lo hizo, no quiso. Hasta un jodido asesino se paso por sus asquerosas axilas las ordenes de alguien que sin problemas lo podría mandar a fusilar. Gracias a un nazi vemos lo que vemos hoy, gracias a un nazi existen todavía esas calles donde aun se pelean las parejas a gritos y que aun mantienen vivas sus boulangeries, panaderías de donde aun salen niños con mala cara porque los mandaron a comprar el pan, un pan al cual siempre le falta un pedazo, es inevitable.
Todos saben muy bien que los ángeles nunca se posaron en el Sacré-Cœur, porque al bajar de esa colina esta el Boulevard de Rochechouart donde en sus callejones están esas queridísimas prostitutas y mujeres de la noche. Las que entretienen, las que te encantan, no todas empresarias del sexo, otras solamente bailan en los cabaret porque mas allá esta la Pigalle. Mas de un siglo, mucho mas de un siglo, extremadamente mucho mas de un siglo, acogiendo desde a los trabajadores acomplejados y deprimidos hasta a los artistas que llegaban a esos lugares simplemente porque son artistas, para ellos no se necesita explicación.
Trato, aun, de explicarme porque llore esa calida madrugada, caminando en el banco del río, a la altura de la Notre Dame de Paris y el Quartir Latín. No lloraba de pena, no había nada de tristeza en mi llanto. Creo que nunca he estado mas feliz que en ese momento. Se me formaba una sonrisa, de esas que nunca he sentido antes sobre mi cara. Lo mejor de todo es que los que caminaban por ahí no interrumpían mi llanto, solo me miraban riéndose con respeto. Sabían a pie de letra lo que me pasaba. A esas horas aun había gente leyendo algún librito, apoyados contra la pared debajo de los puentes, habían parejas que miraban felicitando mis lagrimas, turistas que a pesar de ser unos adictos a los souvenir y a tomar fotografías como excéntricos solamente me miraban, hasta ellos me entendieron. Fue el máximo nivel de iluminación que se puede tener en la vida, llorar de alegría, riéndote casi a carcajadas, con las manos en los bolsillos sintiendo una arrugada caja de cigarros. Incluso se podría decir que las gárgolas respetaron cada milímetro de liquido que salía de mis ojos rojos y desvelados. Nunca voy a saber porque llore con tanto gozo, alegría y felicidad. Los testigos fueron los mismo adoquines, ni ellos supieron explicarlo. Pero prefiero dejarlo sin explicaciones, porque las sonrisas, ese sentimiento en el estomago de un hermoso vació, lo explican todo. Todo.
Como quisiera abrazarla en estos momentos. No hablo de Paris, hablo de una mujer. Pero Paris despierta estos sentimientos en mi, así que vale la pena mencionar a esta mujer. ¿Y porque estoy llorando, pero también riéndome, mientras escribo esto? Llorando y riéndome de un forma tan sincera que se podría decir que nunca he efectuado ambos actos de tal manera antes. ¿Será que me considero ridículo a mi mismo, o porque en verdad siento cosas incalculables al momento de pensar en ella?
Gracias Paris. Porque en momentos como este, o en verdad cualquier otro sigues en tu lugar. Siempre formando los parámetros de la vanguardia, de la belleza cada vez mas escasa en este mundo, pero aun así fiel a tus principios, de ser el centro del mundo. Centro del mundo, concepto que adoptaste propio de forma inconciente. Ciudad destinada a ser así, nada mas. Te veo, Paris, tan mía como de todos los demás, como una jauría de perros, ¡Si! ¡De perros! Perros salvajes y también algunos domesticados, que salen a correr por el bosque durante la noche, sin mas misión que correr y correr. Perros que cuando se acerca el peligro les crecen alas, y vuelan por los cielos para alejarse de todo mal y ladrarles a carcajadas a todos los peligros que se quedaron donde merecen. En el piso, en el suelo, mirando a los perros atónitos.
Trillada ciudad luz, llena de ladrones y justicieros, algún día te podrirás, pero tienes el don de regenerarte. Tal como lo hago yo, cuando te metes en mi cabeza y no te puedo sacar mas. Ni a patadas te puedo sacar. Tal como cuando se meten en mi cabeza esa imagen de los perros, los niños comprando pan, la basílica en la colina que nunca tendrá ángeles, la caminata de madrugada en la orilla del rió. Y tal como se me mete a la cabeza esa mujer, mencionada anteriormente, ahora mismo no te puedo sacar. Tampoco quiero hacerlo.













7 comentarios:
me dejaste para la cagada con este. muy lindo.
potoooooooooooooo...me gusta pq siempre aprendo algo nuevo!!
oyeee no pude dejar de fijarme, lo publicaste a las 5 :30 am!!!! me preocupassss
the best best best
snif
amooooooooooooor
que bueno entender tu amor hacia esa ciudad
es el mismo amor compartido, es la misma inexplicable algarabia y tristeza que siente quien visita Paris, es la luz de una pluma y quien la dirije.
Bello Besos Marisol Esmeralda
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